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lunes, 19 de octubre de 2009

Mi cocina


Mi cocina está en el primer piso de la casa. La sala grande tiene la pica y los mármoles y a la derecha, elevada unos treinta centímetros, está la cocina antigua. Esta elevación y su aspecto de gran coro le dan marchamo de lugar sacro, espiritual, incluso poderoso. Parece una capilla de una catedral gótica. A su entrada, superando el escalón, ves una cadiera enorme en forma de U, que permite sentarse cómodamente a 10 ó 12 personas, todas mirando el fuego que se sitúa en su centro y al gran puchero que cuelga en medio, que al calor de la lumbre va cocinando el guiso que contiene. Al mirar para arriba para ver dónde se engancha la cadena que lo sostiene ves la enorme chimenea, de más de 5 metros de alto y tan grande como la cocina misma, que hace de tiro para el humo y que se va cerrando hasta perderse la vista en un punto pequeñísimo de luz. Delante del fuego, un artilugio de hierro con dos barras paralelas a diferente altura sirve para apoyar el calzado mojado en los días de lluvia y así secarlo.
Mi cocina es ver a mi Tío Luis sentado en la cadiera, acompañado de gente del pueblo y forasteros que venían a cazar, hablando sobre lo divino y lo humano, mientras todos los demás le escuchaban con reverencia.

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